Había una vez un país encantado, lleno de brujas, de piruletas gigantes y de magos encantadores. Había una vez vez una niña risueña que tornó su alegría en tristeza. Había una vez un país encantado en el que los muñecos reían y las hadas volaban alrededor de las princesas. Había una vez una niña que enfada siempre estaba por no poder hacer lo que a cada momento le venía en gana. Había una vez un país encantado donde los árboles y las flores siempre cantaban. Había una vez una niña enfurruñada por tener que obedecer a los mayores que la educaban. Había una vez un país encantado donde las casitas abrían sus puertas a los visitantes mágicos Había una vez la niña que entró en el país encantado y por siempre quería quedarse. Había una vez un país encantado que quería echar a la niña por ser demasiado real.
- Este no es tu sitio - le decían los árboles y las flores - vuelve a tu hogar.
- No quiero volver a mi hogar - protestó la niña poniendo los ojos en blanco -. Allí hay normas, no puedo hacer lo que me place.
- Vuelve a tu casa - le repetían los pajarillos y las ardillas -. Aquí corres peligro.
- ¿ Qué peligro puedo correr? - preguntó la niña extrañada
- Peligro de no poder nunca volver.





