Las palabras son mágicas, curan, unen, pueden ser imaginadas y se plasman aquí para ser disfrutadas. Deja a tu alma unirse a la mía, recorrer nuevos mundos, inventar nuevos personajes y vivir con ellos las palabras de sus aventuras.
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martes, 23 de octubre de 2012

La niña en el país encantado

Había una vez un país encantado, lleno de brujas, de piruletas gigantes y de magos encantadores. Había una vez vez una niña risueña que tornó su alegría en tristeza. Había una vez un país encantado en el que los muñecos reían y las hadas volaban alrededor de las princesas. Había una vez una niña que enfada siempre estaba por no poder hacer lo que a cada momento le venía en gana. Había una vez un país encantado donde los árboles y las flores siempre cantaban. Había una vez una niña enfurruñada por tener que obedecer a los mayores que la educaban. Había una vez un país encantado donde las casitas abrían sus puertas a los visitantes mágicos Había una vez la niña que entró en el país encantado y por siempre quería quedarse. Había una vez un país encantado que quería echar a la niña por ser demasiado real.
- Este no es tu sitio - le decían los árboles y las flores - vuelve a tu hogar.
- No quiero volver a mi hogar - protestó la niña poniendo los ojos en blanco -. Allí hay normas, no puedo hacer lo que me place.
- Vuelve a tu casa - le repetían los pajarillos y las ardillas -. Aquí corres peligro.
- ¿ Qué peligro puedo correr? - preguntó la niña extrañada
- Peligro de no poder nunca volver.

domingo, 21 de octubre de 2012

La llave

- ¿Dónde está la llave?
      
         ¿La llave del éxito, quizá, es la que   buscáis?

- Dadme la llave ¡por Dios!

         ¿O es la de la libertad la llave que anheláis?

- Quiero la llave y la quiero YA

         ¿La llave de mi alcoba es lo que ansiáis?

- La llave de mi vida buscando estoy
  y todo mi ser por ella doy.

         La llave de tu vida en ti está,
         miraos dentro para poderla hallar.

- ¿Cómo dentro de mi podré mirar?

        Utilizando las palabras
        que os ayudarán a nombrar
        lo que en vuestro interior 
        atrapado está.



jueves, 4 de octubre de 2012

LOS TRENES QUE PASAN

Cada día, de cada semana, de cada mes, durante todo el año, se levantaba a ka misma hora y seguía la misma rutina: ducha,vestirse, desayuno, abrigo, llaves, caminar al trabajo durante treinta y cinco minutos, pasar por la estación, ver los trenes pasar. Llegar al trabajo, saludar, cambiarse de ropa acceder  a su puesto de trabajo. Escoge, escoger, escoger, escoger, durante nueve horas. No se le hacía aburrido porque con cada fruto que escogía imaginaba una historia. Le ponía nombre al fruto, a sus familiares, lo imaginaba en el árbol correspondiente, feliz mirando al sol. Sentía el pánico cuando se acercaba el hombre y lo arrancaba . El viaje en la furgoneta, en las cajas apiñado con sus iguales, aunque no todos pasarían la prueba. La emoción... ¿dónde vamos? Solo pasan los mejores... Y así pasaba él los días, las semanas, los meses, los años. Volvía del trabajo, la comida, la siesta, el paseo, sus libros, sus maquetas... Todo el mundo pensaba que era raro, pero él no lo creía así. solo era solitario, algo callado, pero con mucha vida interna y con muchas inquietudes. Aquel día se levantó exactamente a las 6.48, como todos los días. Pero cando salió de la ducha se miró al espejo y este le devolvió la imagen de un hombre envejecido, con arrugas alrededor de los ojos y canas en el pelo ¿dónde estoy', se preguntó ¿dónde está el jovencito que él tenia en su mente? Se veía a si mismo con un joven alto, moreno, delgado, no muy atlético, eso sí, pero bastante en forma. Tomó entonces una determinación. Y se vistió, como todos los días, pero acto seguido tomó el teléfono y marcó el número de s trabajo. Hoy o podía ir, dijo a quien descolgó, le había surgió un imprevisto. Necesitaba sus días de vacaciones, esos que nunca cogía, sí esos. No, no, todos, los necesita todos. Arréglelo como pueda, le dijo, si no puedo volver no me importa, solo notifíquenmelo. Fue a la habitación y cogió un maleta. Metió en  ella solo lo necesario. Fue a la estación de tren y se dirigió a la taquillas: "un billete, por favor". ¿Dónde va? "No lo se. Deme un billete para el siguiente tren que salga. No me importa el destino". Y al pasar el tren por la estación subió y desde entonces viaja, vive, y no ha dejado pasar ningún tren de largo.

lunes, 1 de octubre de 2012

EL PUENTE

Se levantó aquella mañana como tantas otras, pero la sensación no era la misma. En la boca del estómago tenía una especie de nudo, algo que le impedía casi hablar. Llevaba un tiempo triste sin motivo aparente; llevaba un tiempo pensativa, ensimismada; llevaba un tiempo alejándose de la realidad. Y allí estaba, lejos de ella, de la realidad. Viviendo en un mundo de fantasía creado por y para su defensa personal. ¿Para defenderse de qué? De lo que no era soportable, de los sentimientos melancólicos que le hablaban y le empujaban a irse de allí. Tenía todo y no tenía nada al mismo tiempo. Había perdido muy temprano lo más importante. Nadie le había enseñado a quererse. No sabía amarse y no sabía si amaba a los demás. Ella quería, pero no estaba segura de hacerlo. Salió a pasear. El paseo siempre le hacía calmarse, volver a poner los pies en la tierra, volver a ver la realidad y salir de su
horroroso mundo fantasioso. Se adentró en la espesura de su bosque favorito. Caminó sintiendo el aire en la cara. Era un aire frío y húmedo. Caminó durante horas hinchando el pecho para respirar ese aire, que entrara dentro y despertara sus sentidos. Llegó al lugar, al sitio que recreaba en su pensamiento una y otra vez desde que lo conoció. Era un puente natural, algo maravilloso creado por la naturaleza. Pasó por él al otro lado y llegó a la zona de las cuevas. Entró en la más pequeña y se acurrucó allí, en la entrada, en el frío suelo. Y soñó, soñó que estaba rodeada de líquido, una gran tranquilidad le embargaba; era su sitio de paz, era el lugar correcto, donde debía y quería estar, donde aprendería lo que le faltaba en la vida. En su quietud sintió entonces que una fuerza invisible le empujaba hacia un extremo, parecía que se ahogaba, no podía agarrase a nada... sintió deseos de gritar, de pedir socorro... Oía voces... Me oirán, pensó. Y entonces chilló, chilló y lloró con todas sus fuerzas despertando....

miércoles, 19 de septiembre de 2012

OTRA VIDA




Caminaba erguido con la mirada altiva y la boca bien cerrada. Tenía los bigotes bien estirados, como si acabara de peinarlos. Era un felino arrogante con unos extraños ojos azules, demasiado luminosos para parecer reales. Su cuerpo era esbelto con el pelaje blanco como la nieve. Los demás felinos se apartaban a su paso sin saber muy bien la razón. Algo emanaba de él, algo que obligaba al resto a temerle y respetarle. De un salto alcanzó la parte más alta de la tapia y se acomodó allí, mirando todo y a todos. Suspiró, qué largo se le estaba haciendo… Cerró los ojos y se dispuso a dormir. Pero no le era posible. Encerrado en aquel cuerpo,… Él, que había sido el más glorioso, que había tenido el mundo a sus pies. Él que había gobernado un imperio. Y ahora se veía así. Encerrado en un felino. Solo habían respetado sus ojos. Los ojos que los dioses le habían concedido. Lo único que le diferenciaba del resto, fuera de la especie que fuera, eran sus ojos.  Su llegada al mundo estuvo rodeada de tanta expectación que, después que hubo demostrado la autenticidad de su origen, gobernó la civilización por mucho tiempo ¿Y qué le llevo al regreso, después de tantas eras, en este cuerpo? ¿Cuál fue el  pecado cometido para que los dioses le desterraran al cuerpo incapaz de hablar y comunicarse con … con ella? El amor, sin duda; pero no cualquier amor: el amor prohibido. El amor a la mujer de un dios. Aún caminaba esbelto y buscaba en los ojos de las gatas algo que le recordara a ella, algo que le sugiriera que ella había corrido el mismo destino. Y, así, pasaba el tiempo, el tiempo infinito…

DESCANSA...


Caminaba por la arena de la playa con los zapatos en la mano y el bajo de los pantalones recogidos hasta las rodillas. Dejaba vagar sus pensamientos intentando recrearse en la noche anterior. ¿Estaría ella pensando en él también? Llegó al final del tramo de playa y calibró si pasar al siguiente tramo escalando por unas pequeñas rocas o darse media vuelta. Tenía una inusual sonrisa en la boca. Su carácter era más bien arisco, siempre viendo el  vaso medio vacío, pensando en  la parte mala de las personas.  Siempre suspicaz si alguien era amable con él. Pero ella… ella era diferente. Ella no hablaba apenas, solo hacía. Ella era, sin duda, la persona con más determinación que había conocido nunca. No se había dejado amedrentar por sus comentarios negativos y había impuesto su decisión de forma que él no pudo quejarse. Sus argumentos eran indiscutibles. Pero, sobre todo, lo que le hacía sonreír era su peculiar manera de mover las manos cuando hablaba. Arriba y abajo, a los lados; parecía que iba a desmadejarse en cualquier momento. Y su sonrisa, todo lo decía con una pequeña sonrisa casi imperceptible. Sus ojos negros acompañaban a su sonrisa. Parecía que sonriera también con ellos. Él tenía esa sonrisa ahora en la mente y en la boca.  Casi podía recordar hasta su olor, la suavidad de su mano cuando se la estrechó en aquel corto saludo inicial y la  fortaleza que desprendía cuando se la volvió a estrechar al despedirse. Si pudiera volver a verla… aunque solo fuera un instante… Llegó al porche de su casa, se sentó en su mecedora de madera, que le engulló entre los cojines y cerró los ojos. Allí estaba ella, sonriente, cálida, con su preciosa mirada… Una  amplia sonrisa curvó sus labios y alargó sus manos hacia él. Le tendió las suyas y sus manos se entrelazaron. Sentía tanta paz…Ella le volvió a sonreír .
- Te he echado de menos – le dijo él
- Te he estado esperando ¿Por qué has tardado tanto? – respondió ella.
- No lo sabía. De haberlo sabido, habría venido antes.
- Lo importante es que ya estamos juntos. Ahora descansa. Ya estás a salvo de todo…

EL VIAJE


El roce de las sábanas contra sus piernas le hizo abrir los ojos e incorporarse al mundo de los vivos. Miró el despertador. Las 6:40. Se levantó de la cama  y se desperezó estirando los brazos todo lo que pudo.  Hoy era el primer día de l resto de su vida. Se sentía pletórica.  Bajó a la cocina y se preparó un zumo de naranja y se sentó en el banco de madera que había bajo la ventana. Y miró por ella… y su mirada se perdió en la espesura del bosque que tenía enfrente. Entonces salió de su cuerpo. Y corrió por el bosque, subió a los árboles, se asomó a los nidos, se metió en el lago y nadó con los peces… y experimentó la libertad. Y entonces se le ocurrió. ¿Podría salir del globo?  Cogió aire despacio, lo soltó por la boca aún más despacio… cerró los ojos e imaginó como su cuerpo ascendía. Ascendía, ascendía traspasando las nubes, se fusionó con el cielo, salió del globo y miró a su destino… Allí estaba… lejana y misteriosa, depositaria de sus secretos… La luna, a quien tantas veces había mirado desde abajo, desde su cuerpo físico; la luna, a quien tantas veces había pedido su favor. Allí estaba, a au alcance. Se dio prisa, estaba impaciente.  Llegó… se posó…abrió los ojos… y después la boca. No salía de su asombro. Allí estaban todos, absolutamente todos, los recuerdos  de su vida… incluso aquellos que creía guardados, aquellos que  a los que su memoria no tenía acceso, aquellos que herían el alma…

 

EL LUGAR FELIZ

Era una tarde calurosa. Se asomó al balcón de su habitación para admirar el bello paisaje. El viento azotó sus cabellos y la brisa del mar llegó hasta su cara. Se sentía en paz. Miró al horizonte y se transportó a su lugar feliz. El bosque de arces de su infancia se hallaba plagado de olores, sonidos, sensaciones que le recordaban los tiempos felices en que los tres estaban juntos. Su familia había trascendido a otro estado menos corporal y ella los echaba de menos. Corrió por el bosque como cuando era dichosa, cuando pasaban allí las tardes en busca de paz y soledad. De repente, un ruido. Alguien estaba en su lugar feliz. Fue despacio, con cuidado de no pisar las hojas caídas en el suelo. Allí, en un claro, estaba él. Alto, moreno, mirando al horizonte, inmóvil. Sus mentes se unieron en una silenciosa comunicación.
- ¿Qué haces en mi lugar feliz? - preguntó ella
- Solo pensé en un lugar que me diera paz y aparecí aquí. no sabía que este lugar era tuyo
- No es mío, solo me procura felicidad. Puedes quedarte...
- Gracias por compartirlo conmigo. ¿Cuál es tu historia para viajar hasta aquí?
Ella le relató su tragedia y cómo venía de vez en cuando a su lugar feliz, buscando paz.
- ¿Y tu? ¿Qué haces aquí? 
- Buscarte 
Entrelazaron sus manos y mirando juntos al horizonte, uniendo sus almas y sintiendo una gran serenidad.
- ¿Volverás? - pregunto él
- Seguro.- respondió ella
- ¿Y cómo sabré que estas aquí?
- Como lo has sabido hoy. Solo sienteme.